Por qué las colectividades no saben cuánto excedente alimentario generan (y por qué eso ya es un problema)

En los comedores colectivos, el excedente alimentario no es una anomalía. Es una consecuencia directa del propio sistema: previsiones obligatorias, variabilidad diaria de comensales y requisitos de seguridad que obligan —con buen criterio— a cocinar de más.

Durante años, este excedente se ha asumido como una inevitabilidad incómoda. Algo que ocurre, pero que no siempre se mide ni se cuantifica con precisión. Sin embargo, el contexto ha cambiado. Y con él, también ha cambiado lo que se espera de una buena gestión.

Hoy, no saber cuánto excedente genera una colectividad ya no es una cuestión menor. Es un problema de gestión.

El excedente en colectividades: una realidad estructural

Hospitales, colegios y comedores corporativos comparten una misma lógica operativa: producir alimentos para un número de personas que nunca es completamente estable.

En un hospital, una urgencia, un alta o una modificación de dieta alteran el número de raciones servidas. En un colegio, las ausencias o cambios de calendario generan desviaciones diarias. 
En una empresa, el teletrabajo o las reuniones externas modifican la asistencia al comedor.

El resultado es siempre el mismo: alimentos perfectamente aptos para el consumo que no se sirven.

Este excedente no es fruto de una mala planificación, sino de una planificación responsable. El problema no es que exista. El problema es no saber cuánto es, con qué frecuencia se produce y en qué condiciones.

La Ley 1/2025 cambia las reglas del juego

Con la entrada en vigor de la Ley 1/2025 de prevención de las pérdidas y el desperdicio alimentario, el excedente deja de ser una cuestión meramente interna para convertirse en un elemento sujeto a planificación y justificación.

La norma establece la obligación de contar con un plan de prevención del desperdicio alimentario. Y cualquier plan, para ser algo más que una declaración de intenciones, necesita una base mínima: conocer y medir el excedente que se genera.

Qué implica la Ley 1/2025 para una colectividad 

👉 disponer de información sobre su desperdicio y excedente,
👉 identificar dónde y cuándo se produce,
👉 y poder justificar las decisiones adoptadas para prevenirlo y gestionarlo conforme a la jerarquía establecida por la normativa.
Detalle de la interfaz de la app de Oreka
Panel de visualización de excedente alimentario en la app de Oreka
Visualización de datos de excedente alimentario en un entorno digital trazado con la app de Oreka.

Esto supone un cambio relevante en el enfoque: ya no basta con gestionar “razonablemente bien” desde la intuición. Es necesario poder demostrarlo con datos.

En este nuevo escenario, no medir no es neutro.
 Es una debilidad en términos de gestión, cumplimiento y toma de decisiones.

El punto ciego: la mayoría de centros no sabe cuánto excedente genera

En la práctica, muchos responsables de comedor parten de una percepción razonable pero poco precisa:


“No creemos que sea mucho” O "depende del día".

El problema es que la percepción no permite tomar decisiones informadas.

Identificar patrones en el excedente permite entender dónde se concentra y por qué.

Sin datos:

  • no se sabe si el excedente es puntual o estructural,
  • no se pueden identificar patrones,
  • ni se puede valorar si una gestión más avanzada tiene sentido.

Cuando los centros empiezan a medir, el primer descubrimiento suele ser el mismo: el excedente no es excepcional, es recurrente.

Un ejemplo real: seis meses de datos en un hospital público

En el Complejo Hospitalario Universitario Insular Materno Infantil (CHUIMI), en Las Palmas, la medición sistemática del excedente permitió pasar de la intuición a la evidencia.

Extrapolando los datos reales registrados durante varios meses, en un periodo de seis meses la operativa habitual del hospital refleja aproximadamente:

  • 3.000 kg de comida recuperada
  • 14.000 raciones redistribuidas
  • 16.500 € asociados al coste de la sobreproducción
Vista general del panel de la app de Oreka
Esto no es teoría, es operativa diaria.

Estos datos no responden a picos excepcionales ni a situaciones extraordinarias. Reflejan la realidad diaria de un hospital: variabilidad de pacientes, cambios de dieta, márgenes de seguridad necesarios para garantizar la atención.

La diferencia es que, al medir, ese excedente dejó de ser invisible.

Pasó a ser información útil:

✅ Permitió dimensionar el fenómeno con precisión

✅ Facilitó el cumplimiento normativo

✅ Abrió la puerta a una gestión más eficiente y responsable.

Nada de esto habría sido posible sin un primer paso previo: medir.

Qué riesgos tiene no medir el excedente

No disponer de datos claros tiene consecuencias directas:

 Riesgo normativo
: Dificultad para demostrar cumplimiento ante inspecciones o auditorías.

Riesgo operativo
: Imposibilidad de identificar mejoras reales en planificación y producción.

 Riesgo de gestión
: Decisiones basadas en intuiciones, no en información.

Riesgo reputacional
: Cada vez más organizaciones deben justificar su desempeño en sostenibilidad con indicadores verificables.

Medir no es fiscalizar (ni comprometerse)

Uno de los frenos más habituales a la medición es el miedo a que suponga más carga para el equipo o un compromiso inmediato con la donación.

Medir no obliga a donar.
 Medir no es fiscalizar. Medir significa, simplemente, entender:

  1. cuánto excedente se genera,
  2. en qué condiciones,
  3. y qué decisiones tiene sentido tomar después.

Es el primer acto de una gestión responsable.

Medir como único punto de partida sensato

En el contexto actual, la medición del excedente ya no es una recomendación avanzada. Es el mínimo exigible para cualquier colectividad que quiera:

  • cumplir con la normativa,
  • identificar y dimensionar costes asociados a la sobreproducción y a la gestión de residuos,
  • y tomar decisiones con criterio.

Antes de reducir, antes de donar, antes de comunicar impacto, hay una pregunta que toda colectividad debería poder responder con datos:

¿Cuánto excedente generamos realmente?

Si en tu centro no lo tienes claro, empezar a medir es el primer paso lógico.


En Oreka ayudamos a las colectividades a hacerlo de forma sencilla, trazada y sin compromiso.

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